Este año no solo enseñé español y danza: también aprendí. Mis estudiantes, con sus historias, esfuerzos y logros, se convirtieron en mis mejores maestros. Cada clase, cada conversación y cada paso compartido me dejó una lección que atesoro mucho.
Me recordaron que el progreso tiene muchos ritmos. Avanzar no siempre es rápido ni lineal, a veces, una frase dicha con seguridad o un paso que por fin fluye significa muchísimo. Cada persona aprende a su propio ritmo, y acompañar ese proceso es una de mis mayores alegrías.
A lo largo del año compartimos risas, muchas conversaciones y avances que parecían pequeños… pero que en realidad eran enormes. Mis estudiantes me enseñaron a detenerme, observar y celebrar esos momentos que iluminan una clase
Por todo lo que hemos compartido, por su confianza y por su maravillosa actitud en cada lección, solo me queda agradecerle a cada uno de mis estudiantes, ¡muchísimas gracias!
Nos vemos en clase.
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